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Since 1732, the Redemptorists — a congregation of missionary priests and brothers — have followed in Jesus’ footsteps, preaching the Word and serving the poor and most abandoned.
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Tuesday

Lent, day 7: Tuesday of the first week

Isaiah 55:10-11; Psalm 34; Matthew 6:7-15

One of the three pillars of Lent is prayer. Today in the Gospel we are given the Lord’s Prayer as a model for all prayers. Prayer is the daily connection with God in which one listens and the other talks and vice versa. When we pray, we develop a better understanding and knowledge of God.

There’s a story about an illiterate farmer who walked every day to his farm. On the way he would stop at the chapel on the hill, spend 10 minutes in silence, and then talk to God from the heart. His only words were, “Jesus, I am here.” For this farmer, that was prayer. It was a genuine connection. He spent time with God every day.

We must do the same: daily talking and listening to God. We can do this anywhere, anyplace, and anytime, but we need to do it every day—and not only when we are in need of God’s intervention.

Because he is Abba, we need to ask him for our daily sustenance (“give us this day our daily bread”). In asking, we develop spiritual discipline. To pray is to give thanks to God for all we have received.

Lent is a time for reconfiguration! It’s a time for going back to the Father through prayer so we can develop a stronger relationship with Christ.

Father Elton Letang, C.Ss.R.
Roseau, Dominica, West Indies


Isaías 55:10-11; Salmo 34; Mateo 6:7-15

Uno de los tres pilares de la Cuaresma es la oración. Hoy en el Evangelio, se nos da la Oración del Señor como un modelo para todas las oraciones. La oración es la conexión diaria con Dios en la que uno escucha y el otro habla (y viceversa). Cuando oramos, desarrollamos un mejor entendimiento y conocimiento de Dios.

Hay una historia sobre un granjero iletrado que caminaba todos los días a su granja. Por el camino, se paraba en la capilla de una colina, pasaba 10 minutos en silencio, y luego hablaba a Dios desde el corazón. Sus únicas palabras fueron: “Jesús, estoy aquí”. Para este granjero, eso era una oración. Era una conexión genuina. Pasaba tiempo con Dios cada día.

Nosotros debemos hacer lo mismo: hablar y escuchar diariamente a Dios. Podemos hacerlo en cualquier parte, en cualquier lugar, y en cualquier momento, pero tenemos que hacerlo cada día—y no sólo cuando necesitemos la intervención de Dios.

Porque él es el Padre, tenemos que pedirle nuestro sustento diario (“danos nuestro pan de cada día”). Al pedir, desarrollamos una disciplina espiritual. Rezar es dar las gracias a Dios por todo lo que hemos recibido.

¡La Cuaresma es el momento para la reconfiguración! Es momento de regresar al Padre a través de la oración para poder desarrollar una relación más fuerte con Cristo.

Padre Elton Letang, C.Ss.R.
Roseau, Dominica, West Indies

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