Redemptorists logo
Our Mother of Perpetual Help Icon
Since 1732, the Redemptorists — a congregation of missionary priests and brothers — have followed in Jesus’ footsteps, preaching the Word and serving the poor and most abandoned.
Redemptorists logo


Features
Tuesday

Lent, day 42: Tuesday of Holy Week

Isaiah 49:1-6; Psalm 71; John 13:21-33, 36-38

The suffering servant in Isaiah 49 is a hidden servant. He is hidden in the womb when he receives his call, then hidden in the shadow of God’s arm, and finally hidden like an arrow in its quiver.

So many of God’s servants lived hidden lives: the Baptist hidden away in the desert; Joseph and Mary hidden in an isolated rural village; Jesus hidden for 30 of the 33 years of his life. Many of our greatest saints and doctors of the Church have lived hidden lives too.

It is a paradox of our faith that these hidden ones have been chosen to be lights to the nations and to give glory to God. From desert hermitages, from monastic stillness, from the terrifying heights of Mount Calvary itself, light has shone forth to illumine the whole human race: God’s glory could not remain hidden for long.

This contrast between hidden servant and God’s glory returns in the Gospel, when Jesus affirms that his moment of greatest glory is the moment when his humanity is the most hidden, the most crushed, the most obliterated: his crucifixion.

Father Mark Owen, C.Ss.R.
Baltimore


16 de abril, martes de la Semana Santa

Isaías 49:1-6; Salmo 71; Juan 13:21-33, 36-38

El siervo que sufre en Isaías 49 es un siervo oculto. Está oculto en el vientre materno cuando recibe su llamada, luego está oculto en la sombra del brazo de Dios, y finalmente está oculto como una flecha en su aljaba.

Muchos siervos de Dios viven vidas ocultas: el Bautista escondido en el desierto; José y María ocultos en un pueblo rural aislado; Jesús oculto durante 30 de los 33 años de su vida. Muchos de nuestros grandes santos y doctores de la Iglesia han vivido vidas ocultas como ermitaños o se han dedicado a la contemplación.

Es una paradoja de nuestra fe que estas personas ocultas hayan sido elegidas para ser las luces de las naciones y para dar gloria a Dios. Desde ermitas en el desierto, desde la calma monástica, desde las aterradoras alturas del mismísimo Monte Calvario, la luz ha brillado para iluminar a toda la raza humana: la gloria de Dios no pudo permanecer oculta por mucho tiempo.

Este contraste entre el siervo oculto y la gloria de Dios regresa en el Evangelio, cuando Jesús afirma que su momento de mayor gloria es el momento en que su humanidad está más oculta, más doblegada, y más asolada: su crucifixión.

Padre Mark Owen, C.Ss.R.
Baltimore

¡Obtenga nuestro folleto de Cuaresma ahora, gratis!