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Since 1732, the Redemptorists — a congregation of missionary priests and brothers — have followed in Jesus’ footsteps, preaching the Word and serving the poor and most abandoned.
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Sunday

Lent, day 33: fifth Sunday in Lent

The steeple of Emanuel African Methodist Episcopal Church, Charleston, S.C., by Spencer Means from New York City, USA – CC BY-SA 2.0, Link

Isaiah 43:16-21; Psalm 126; Philippians 3:8-14; John 8:1-11

In June 2015 a young white supremacist named Dylann Roof viciously attacked African-American worshippers at the Emanuel African Methodist Episcopal Church in Charleston, S.C. Nine were murdered and many others seriously wounded. When Dylann was brought into federal court, family members of the victims were allowed to make statements before the judge.

Despite their deep hurt, they all spoke out with a unified message of forgiveness. Their choice to forgive shocked and horrified many in the courtroom. But instead of acting out of hate, these Christlike people demonstrated the power of forgiveness, mercy, and love.

Jesus came into our world not to condemn us sinners but rather to empower us to overcome sin and embrace God’s gifts of forgiveness, mercy, and everlasting life. Forgiveness and reconciliation are core values of Jesus’ teachings, yet they are often overlooked when people seek justice.

As we hear in today’s Gospel, the Pharisees and scribes demand that Jesus condemn a woman who had been caught in the act of adultery. Rather than condemn her, he offers the woman the gifts of forgiveness and new life. He simply tells her “to go and sin no more” (John 8:11). Jesus demonstrates that he is the incarnation of God’s loving mercy, compassion, and forgiveness.

No matter what our sins or faults are, God is willing to forgive us. Are we willing to extend that same gift to others? Rather than pass judgment, we’re called to be like Jesus—to help our brothers and sisters recognize their misgivings and encourage them to change.

May the God of compassion, mercy, and love bless us as we continue our Lenten journey.

Father John McLoughlin, C.Ss.R.
Ephrata, Pa.


7 de abril, quinto domingo

Isaías 43:16-21; Salmo 126; Filipenses 3:8-14; Juan 8:1-11

En junio de 2015, un supremacista blanco de 21 años llamado Dylann Roof atacó brutalmente a los fieles afroamericanos de la Iglesia Episcopal Metodista Africana Emanuel, en Charleston, Carolina del Sur. Nueve personas fueron asesinadas y muchas otras resultaron gravemente heridas. Cuando Dylann fue llevado ante el tribunal federal, los familiares de las víctimas recibieron permiso para hacer declaraciones ante el juez.

A pesar de su profundo dolor, todos expresaron un mensaje unificado de perdón. Su decisión de perdonar impactó y horrorizó a muchos en el tribunal. Pero en lugar de actuar por odio, estas personas semejantes a Cristo demostraron el poder del perdón, la misericordia, y el amor.

Jesús vino a nuestro mundo no para condenar nuestros pecados sino para empoderarnos y permitirnos superar el pecado y aceptar el regalos de Dios: el perdón, la misericordia, y la vida eterna. El perdón y la reconciliación son valores fundamentales de las enseñanzas de Jesús, pero a menudo son pasados por alto cuando la gente busca justicia.

Tal y como escuchamos en el Evangelio de hoy, los fariseos y los escribas exigieron que Jesús condenara a una mujer que había sido pillada en acto de adulterio. En lugar de condenarla, él ofrece a la mujer los regalos del perdón y la nueva vida. Simplemente le dice: “ve y no peques más”. Jesús demuestra que él es la encarnación de la misericordia, la compasión, y el perdón de Dios.

No importa cuáles sean nuestros pecados o nuestras faltas, Dios está dispuesto a perdonarnos. ¿Estamos dispuestos a dar el mismo regalo a los demás? En lugar de juzgar, deberíamos ser como Jesús: deberíamos ayudar a nuestros hermanos y hermanas a reconocer sus errores y animarlos a cambiar.

Que el Dios de la compasión, la misericordia, y el amor nos bendiga mientras proseguimos nuestro camino cuaresmal.

Padre John McLoughlin, C.Ss.R.
Ephrata, Pa.

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