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Since 1732, the Redemptorists — a congregation of missionary priests and brothers — have followed in Jesus’ footsteps, preaching the Word and serving the poor and most abandoned.
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Saturday

Lent, day 32: Saturday of the fourth week

The prophet Jeremiah

Jeremiah 11:18-20; Psalm 7; John 7:40-53

We live today in a world of us and them. We’re divided into red states and blue states, friends and enemies.

Jeremiah had enemies, and he wanted vengeance. Jesus had enemies, and he offered forgiveness.

Our two readings today give us two responses to opposition: vengeance and forgiveness. Where do we stand—with Jeremiah or with Jesus?

With a simple gesture, Gandhi forgave the man who had shot him. Gandhi stood with Jesus.

St. Augustine said, “If you are suffering from a bad man’s injustice, forgive him lest there be two bad men.” Augustine stood with Jesus.

The last line of today’s Gospel says it all: “Then each went to his own house” (John 7:53). They locked their doors and closed their hearts. They cut themselves off from people who didn’t agree with them. They didn’t want to listen.

Jesus spoke to people’s hearts. “Never before has anyone spoken like this man” (7:46). But his message was hard to swallow: forgive those who have hurt you.

Our world tells us what goes around comes around. Jesus asks us to stop the cycle of violence and hurt.

Where do I stand?

Father Francis Skelly, C.Ss.R.
Bronx, N.Y.


6 de abril, sábado de la cuarta semana

Jeremías 11:18-20; Salmo 7; Juan 7:40-53

Hoy vivimos en un mundo de ellos y nosotros. Estamos divididos en estados rojos y estados azules, en amigos y enemigos.

Jeremías tenía enemigos, y quería venganza. Jesús tenía enemigos y ofrecía perdón.

Nuestras dos lecturas de hoy nos dan dos formas de responder a la oposición: la venganza y el perdón. ¿Dónde estaremos de pie, con Jeremías o con Jesús?

Con un simple gesto, Gandhi perdonó al hombre que le había disparado. Gandhi estuvo de parte de Jesús.

San Agustín dijo: “Si estás sufriendo la injusticia de un hombre malo, perdónalo para que no haya dos hombres malos”. Agustín también estuvo de parte de Jesús.

La última línea del Evangelio de hoy lo dice todo: “Entonces todos se fueron a su casa” (Juan 7:53). Cerraron sus puertas y cerraron sus corazones. Se alejaron de las personas que no estaban de acuerdo con ellos. No querían escuchar.

Jesús habló a los corazones de las gentes: “Nunca antes ha hablado nadie como este hombre” (Juan 7:46). Pero su mensaje era difícil de asimilar: perdona a aquellos que te han hecho daño.

Nuestro mundo nos dice que cosechamos lo que sembramos. Jesús nos pide que detengamos el ciclo de la violencia y el dolor.

¿Qué lado escogerías?

Padre Francis Skelly, C.Ss.R.
Bronx, N.Y.

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