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Since 1732, the Redemptorists — a congregation of missionary priests and brothers — have followed in Jesus’ footsteps, preaching the Word and serving the poor and most abandoned.
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Saturday

Lent, day 25: Saturday of the third week

Hosea 6:1-6; Psalm 51; Luke 18:9-14

The two figures in the Gospel today, the Pharisee and the tax collector, offer us two well-marked contrasts in their spiritual journey.

The Pharisee appears to be closer to God because of his good works. Yet his prayer sets him apart from God and others: “O God, I thank you that I am not like the rest of humanity—greedy, dishonest, adulterous—or even like this tax collector” (Luke 18:11).

He believes he is self-sufficient, self-enclosed. He’s forgotten something fundamental: that he is just like everyone else. He is a human being and therefore fragile, limited, and vulnerable.

He is unable to say, with the publican, “O God, be merciful to me, a sinner” (18:13). But the tax collector recognizes that he is incomplete, that he needs conversion and transformation.

He knows he is like other people—not someone set apart but one with them in their struggles and conflicts.

He is more likely to be compassionate and merciful to others because he identifies with them in their common humanity.

No doubt the beginning of compassion and mercy toward others is to recognize that yes, we are like them in many ways and to take as our ongoing petition, “O God, be merciful to me, a sinner.”

Father Mark Wise, C.Ss.R.
Newton Grove, N.C.


30 de marzo, sábado de la tercera semana

Oseas 6:1-6; Salmo 51; Lucas 18:9-14

Las dos figuras en el evangelio hoy, el fariseo y el publicano, nos ofrecen dos contrastes bien marcados en cuanto a su proceso espiritual. El fariseo aparentemente está más cerca de Dios por sus buenas obras. Sin embargo, la frase que lo aparta de Dios y de los demás es: “Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás, menos como ese publicano”.

Es autosuficiente, encerrado en sí mismo. Se ha olvidado de algo fundamental, o sea, que él es precisamente como los demás. Es un ser humano y, por ende, frágil, limitado y vulnerable.

Es incapaz de decir como el publicano: “Oh Dios, ten compasión de este pecador”. El publicano, sí, reconoce que es un ser incompleto y necesita conversión y transformación. Sabe muy bien que es como los demás—no aparte, sino una parte de ellos con sus luchas y conflictos. Por ende, probablemente está más dispuesto a ser compasivo y misericordioso porque se identifica con ellos en su humanidad común.

No cabe duda. El comienzo de compasión y misericordia hacia los demás de nuestra parte es reconocer que, sí, somos como ellos de muchas maneras y tener como una petición nuestra constante: “Oh Dios, ten compasión de este pecador”.

Padre Mark Wise, C.Ss.R.
Newton Grove, N.C.

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