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Since 1732, the Redemptorists — a congregation of missionary priests and brothers — have followed in Jesus’ footsteps, preaching the Word and serving the poor and most abandoned.
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Friday

Lent, day 24: Friday of the third week

Hosea 14:2-10; Psalm 81; Mark 12:28-34

How many times have we come across screaming fans shaking their index finger at anyone who would care to pay attention to them and yelling, “Woohoo, we’re No. 1”? No. 1 in sports, No. 1 in prestige, No. 1 all over the place.

In the Gospel for today we also find the No. 1 syndrome. Given the more than 600 laws in the Torah, which one is No. 1? This was the question the scribe asked Jesus. Jesus responded, citing Deuteronomy 6:4-5:

Hear, O Israel! The Lord is our God, the Lord alone! Therefore you shall love the Lord, your God, with your whole heart, and with your whole being, and with your whole strength.

This passage, the Shema, is one the scribes would have memorized and have been very familiar with.

But Jesus goes a step further and adds, “Love your neighbor as yourself” (Mark 12:31). This means more than just being equal; it means putting the other ahead of oneself. If we make a habit of doing this, we will be on the true path to joy and happiness.

Father John Harrison, C.Ss.R.
Timonium, Md.


29 de marzo, viernes de la tercera semana

Oseas 14:2-10; Salmo 81; Marcos 12:28-34

¿Cuántas veces nos hemos encontrado con fanáticos exaltados levantando su dedo índice a cualquiera que les prestara atención y gritando: “¡Somos el número 1!”? Número 1 en deportes, número 1 en prestigio, número 1 en todo.

En el Evangelio de hoy, también encontramos el “síndrome del número 1”. Dadas las más de 600 leyes de la Torá, ¿cuál ley es la número 1? Esta fue la pregunta que le hizo el escriba a Jesús, quien respondió citando el Deuteronomio 6:4-5:

Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor; amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.

Este pasaje, la Shema, los escribas lo habían memorizado y estaban familiarizados con él.

Pero Jesús va un paso más allá y añade: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Esto significa más que solo ser igual; significa poner a otras personas por delante de uno mismo. Si hacemos un hábito de hacer esto, estaremos en el verdadero camino hacia la alegría y la felicidad.

Padre John Harrison, C.Ss.R.
Timonium, Md.

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