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Since 1732, the Redemptorists — a congregation of missionary priests and brothers — have followed in Jesus’ footsteps, preaching the Word and serving the poor and most abandoned.
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Features
Sunday

Lent, day 19: third Sunday

Exodus 17:3-7; Psalm 95; Romans 5:1-2, 5-8; John 4:5-42 (optional readings)

A well is essential for life in a hot, arid place like the Holy Land. Drawing water was “women’s work,” and it was done early in the morning, before the sun came up. Those early morning gatherings at the well provided women a place to meet, share news and recipes, and probably to gossip. Yet the Samaritan woman in the Gospel comes to the well alone, at midday.

Pope Francis often speaks of those on the margins of society. The Samaritan woman was living on the margins. The Samaritans were despised by pious Jews, and in any case she would not have been welcome among the other women because of her wayward ways. She probably provided them with the juiciest gossip.

So she comes to the well alone. There, cut off from the community,

isolated, ashamed of her life choices, she meets Jesus.

The conversation proceeds on two levels. There is chit-chat about water, thirst, and the depth of the well. Jesus then speaks about himself as living water, to slake the human thirst for God. He offers her living water, a relationship with him, the source of all life.

The key moment comes when she reveals her sins, and he tenderly restores her dignity. Jesus then reveals himself as the Messiah and chooses her to be his messenger: “Come and see one who told me all that I have ever done. Could he be the Messiah?” (John 4:29).

Assignment: Listen to Johnny Cash’s version of “Jesus Met the Woman at the Well” on YouTube.

Father John McKenna, C.Ss.R.
Brooklyn, N.Y.


24 de marzo, tercer domingo

Éxodo 17:3-7; Salmo 95; Romanos 5:1-2, 5-8; Juan 4:5-42 (lecturas opcionales)

Un pozo es algo esencial para la vida de una comunidad, en un lugar tan árido como es la Tierra Santa. El trabajo de sacar el agua, era un trabajo tradicionalmente hecho por las mujeres. Allí en el pozo se congregaron muy temprano, antes de la madrugada. Nadie quería hacer tal labor bajo el sol candente del día. El pozo era el lugar de encuentro entre las mujeres, que durante el día estaban ocupadas en las tareas de casa y familia. Allí intercambiaron, noticias y recetas, conversaciones de la vida cotidiana, y por supuesto chismes.

La mujer samaritana viene al pozo, sola, y a medio día. Papa Francisco habla mucho de la gente que vive la periferia de la sociedad. La Samaritana era allí. Los judíos piadosos despreciaban los samaritanos por sus costumbres paganos. Ella, con su historia romántica de muchos esposos y hombres, no fue bienvenida entre las damas de la comunidad. Seguramente muchas veces la Samaritana era el objeto de los chismes mas jugosos. Allí, sola, aislada, en el margen de la sociedad decente, ella encuentra a Jesús.

Empieza una conversación que van en dos niveles. Hay conversación sobre el pozo, el agua, cuan difícil es sacar agua. Jesús eleva la conversación. El usa el agua como una imagen. El dice el puede ofrecer agua viva de un manantial de aguas profundas e limpias, que puede quitar su sed. El ofrece a ella una relación.

En la conversación de sus amores equivocados, el con compasión y verdad, restaura para ella su dignidad perdida. Jesús la escoge para recibir la revelación de ella esta conversando con el Mesías tan esperado.

Al instante ella se vuelve a la comunidad y habla de Jesús. “Vengan a ver el hombre que me ha revelado todo lo que he hecho. ¿Podría ser que el Mesías?”

Asignación: Escucha “La Samaritana” por Marta Reyes en YouTube.

Padre John McKenna, C.Ss.R.
Brooklyn, N.Y.

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